Una carta para ti
DAVID: Como animal que soy, tengo necesidades. Todos los días me levanto y me acuesto a satisfacer esas necesidades.
Una carta para ti
MARIANA: ¡Qué grande es el hombre! ¡Cuánto se le pide a esta criatura tan pequeña, tan débil, tan llena de muertes!
Una carta para ti
ALBERTO: Te saludo y bendigo tu presencia aquí, en esta porción de suelo y de esperanza.
Una carta para ti
AIDA: Saludo tu corazón de niña, niña que despierta cada mañana para iniciar la danza de las horas, de las cosas, del trabajo, de la costumbre...de la vida.
Una carta para ti
MATEO: Toda la tragedia de la vida humana sería imposible soportarla si no fuera porque a cada hombre se le ha asignado una misión.
Una carta para ti
CARMELA: No es la soledad la que me mueve a escribirte. Eres mi hermana y las olas de la sangre van y vienen de día y de noche.
Una carta para ti
DAVID: No fue desidia ni olvido ni indiferencia el no haberte escrito antes.
Una carta para ti
ELVIRA: Con tropezones involuntarios, - la vida más de una vez saca a uno del juego que uno lleva-, sigo caminando.
Una carta para ti
MARIANO: Bendigo la confianza que nos tenemos para comunicarnos. Bendigo a Dios que nos da un corazón limpio y que nos enseña a que pensemos limpiamente de nosotros mismos.
Una carta para ti
YANUEL: Es una maravilla tenerte. De veras, tu presencia alienta y mueve mi vida. Pareciera que sólo estás allí, pero hay algo más. La vida lo sabe. El amor lo sabe.
Una carta para ti
BENJAMÍN: Tomo corazón de mi carta las palabras de la Madre Teresa de Calcuta: "El fruto del silencio es la plegaria" El fruto de la plegaria es la fe. El fruto de la fe es el amor.
Una carta para ti
LOLITA: Hay personas que, por mucho que envejezcan, jamás pierden su belleza; sólo se les pasa de la cara al corazón.
Una carta para ti
CARMELITA: Mujer llena de esperanza, que amasas la vida con una sonrisa y muchas veces, con una lágrima. Pero sea de uno o de otro modo, los platillos preparados por ti, son sabrosos.
Una carta para ti
ROMÁN: La muerte hace su oficio. Nosotros prestamos la vida.
No nacimos para dejarnos contagiar por la muerte, por tanta muerte reproducida.





















