Sunday, October 19, 2014 - 23:21

Matanza de chivos: una cruel tradición

Al entrar en el corral todo es agitación, los hombres sostienen el cuchillo ensangrentado en la mano, los chivos corren por todos lados presas del terror sin saber que no hay escapatoria; en sus ojos se percibe el destino irrevocable de la muerte que los espera.

Ha comenzado la matanza de chivos, indefensos corren confundidos y se arrejuntan en formando un rebaño despavorido, mientras los destazadores llegan con su cuchillo y sin un asomo de piedad les perforan la yugular con un corte, el cual les provoca un balido en el que les escapa el último suspiro de vida.

Luego vienen los olores, el relajamiento que la muerte produce en los esfínteres, la orina que se escapa al igual que su último excremento, y la sangre, ríos de hemoglobina que son recogidos por las señoras del pueblo que se revolotean en el corral mientras la recogen en una cubeta para posteriormente preparar la tradicional sangrita.

Mientras, los hombres encendidos por la adrenalina, recogen a los ejemplares muertos y los colocan en una carreta donde los trasportan con sus ojos vidriosos hacia los patios exteriores.

Es difícil describir el momento pleno de la matanza, es una mezcla de fascinación y terror de los espectadores, quienes se aprestan a desplazarse cuando escuchan los gritos de los carreteros, quienes dicen: "¡muévase, muévase!". Y pasan vertiginosos mientras algunos de los chivos caen y son de nuevo levantados, y al pasar con la carreta manchan los pantalones de los reporteros que se hacen a un lado, animados por los gritos frenéticos: "para muchos podría ser una cosa cruel", se le escucha decir a uno.

De repente, uno de los chivos despavoridos salta levantando las patas traseras, provocando un sobresalto de susto entre los atónitos presentes, y en la cercanía se escuchan las voces. Uno pregunta: "¿quieren borrega?", refiriéndose a una oveja hembra que se esconde entre su rebaño. "No", responde la señora cuestionada, "borrega no", en tanto una más dice: "voy a mi casa a bañarme", mientras luce bañada de sangre hasta las pantorrillas.

Oficio de tinieblas

Alberto Cortés Medrano es mixteco, originario de Tehuacán, Puebla, viene con un grupo contratado exclusivamente para matar a los chivos de la siguiente partida. Mientras tanto, espera su turno para ingresar y explica a NOTICAS, Voz e imagen de Oaxaca. El sentimiento que le produce el momento previo a la matanza, la cual realiza desde que tiene cinco años.

"Si se siente, es algo como una impresión, da nerviosismo como adrenalina, cada año es igual, no importa que lo hayas hecho toda la vida" relata.

Su padre le enseñó el oficio, ya desde unos días antes se siente el nerviosismo entre los que van a participar, pero al momento en que salen los chivos, todo es diferente, la sangre fría domina al hombre, quien sin un asomo de piedad comienza su tarea, y les pasa el filoso cuchillo por la garganta.

Los pequeños comienzan con los chivos de menos tamaño, los más grandes son reservados para el hombre con más experiencia. En total los tres equipos de 11 personas al que pertenece Alberto matará a 118 chivos.

Ahora si, mole de caderas

Ángela Tapia González, de 65 años, es propietaria de un restaurante llamado "El buen gusto", ubicado en el centro de Huajuapan. Ahí, prepara año con año el tradicional mole de caderas, receta de su abuelita, la cual la llevaba a presenciar la matanza de chivos desde que tenía seis años.

"Antes se hacía en Vista Hermosa, no aquí, los propietarios de los ranchos son siempre gachupines, hijos de españoles que viven aquí, así ha sido desde siempre" explica mientras observa la cubeta de llena de sangre que más tarde llevará a casa a cocinar.

"Lo diferente de aquí a Tehuacán es la carne, su sabor, aquí se les lleva a pastar y no se les da agua si no sal, y si tiene que beber, comen de las biznagas" concluye la cocinera, quien reconoce que los animalitos sienten y sufren, pero es una tradición mixteca y de las más antiguas, ahora sólo resta dejar la carne a secar durante tres días, y luego está lista para disfrutarla.

La tradición de los diablos

Eloy Ramírez López representa a los diablos que bailan en la ceremonia previa a la matanza de chivos Para ellos es una antigua tradición, cien por ciento mixteca, que se remonta a las guerras que sostuvieron los españoles con los moros, donde mientras perdían la guerra, los árabes desesperados por no encontrar a Mahoma, invocaron en su ayuda al diablo, liderados por un hombre de nombre Celín.

Desde entonces los diablos bailan al son de las chilenas mixtecas, recordando la eterna lucha del bien y el mal, su baile no tiene afán de lucro, el único pago que reciben son los cuernos de los chivos con los que elaboran sus máscaras, y también la piel con la que realizan sus tradicionales chiverrías, con las que forran sus pantalones.

A final, como lo definió Eloy, "es un baile místico que se baila con alegría pues nos hace revivir nuestras tradiciones, eso es lo que sentimos cuando bailamos"

500 Chivos diarios se matan desde ayer hasta 3 días después de la festividad de muertos.

Más de 7 mil Los chivos ejecutados.

Los precios

$800 El costo de un chivo grande.

$600 Lo que cuesta un chivo pequeño

El mole de caderas

Ingredientes de la receta del Mole de Caderas de doña Ángela

  • Cadera y espinazo de chivo en trozos
  • Caldo de chivo
  • Chile puya y costeño
  • Tomate
  • Semilla de guaje
  • Pepicha u hoja de aguacate
  • Ajo
  • Sal

Un plato con historia

La matanza de chivos es una tradición con gran importancia en la historia de México y Oaxaca, tanto que gracias a ella se pudo continuar con la Guerra de Independencia, primero en 1812 cunado Valerio Trujano se encuarteló en Huajuapan, y luego en 1821, cuando Antonio de León recomenzó la lucha, en ambos casos, fue el chito (carne de chivo salada) el cual los salvó de la hambruna.

por LUIS PARRA MEIXUEIRO

foto: BALDOMERO ROBLES/ENVIADOS

Relacionado