Al amparo de protestas, marchas y plantones, los ambulantes cumplen una semana en el zócalo y calles aledañas de la capital. Y entre ellos hay historias de tragedias y luchas cotidianas.
Don Carlos Ramírez tiene la suya. El hombre vende bastones en la calle de Flores Magón. De 50 y de 100 pesos. "Soy de Tlazoyaltepec --confiesa-- y también a mi papá lo mataron por un pleito agrario con Peñoles. Entonces tenía apenas ocho años...", cuenta.
Él es uno de las decenas de vendedores que se instalaron desde el 31 de enero a un costado del Palacio de Gobierno y en la primera de Valerio Trujano.
"A veces vendo una docena de bastones, a veces media; ahí vamos poco a poco, para ganar pa' comer. Es la forma que tengo de ganarme la vida, honradamente", dice el septuagenario.
--¿De dónde es usted?
--De Tlazoyaltepec, pero hace muchos años que salí de mi pueblo y me vine a la capital; ahora vivo con mi esposa en la colonia Monte Albán.
--¿Sabe que hay pleitos entre Tlazoyaltepec y Peñoles?
--¡Cómo!, no me enterado... qué desgracia. Esos problemas tienen muchos años. Yo me quedé huérfano por culpa de ellos. Cuando yo tenía ocho años, los de Peñoles mataron a mi papá, Manuel Ramírez Morales.
Baja el hombre la cabeza y busca ocultarla con la gorra. Sus ojos --el izquierdo con catarata-- se nublan. Y trae a la memoria su infancia de tragedias.
"Tuve que vender de todo, hasta chicles; un tiempo me fui a Tapachula, a buscar mi suerte. He hecho de todo para sobrevivir. Qué le vamos a hacer. Así es la vida. Hasta ahora no sé por qué tiene que matarse la gente por un pedazo de tierra".
Y don Carlos sigue su marcha en la calle de Flores Magón. Va y viene por esas calles. Se confunde entre brasieres de 35 pesos, bolsas de 65 pesos, pantalones de mezclilla de a 100, calzones, bisuterías, discos "pirata"...
ISMAEL GARCÍA MORALES/FOTOS: BALDOMERO ROBLES


