Friday, August 29, 2014 - 17:08

TINTERO ECONÓMICO

El hambre en México

ALEJANDRO VILLAGÓMEZ

El presidente Peña Nieto anunció el lunes otra importante acción de su recién iniciada administración: una Cruzada Nacional Contra el Hambre. Este programa tiene como objetivo atender el problema de alimentación de la población en extrema pobreza, poco más de 7 millones de mexicanos, así como promover sus capacidades productivas para lograr aumentar su producción de alimentos. Éste último elemento es el que permite al gobierno justificar que no se trata de un nuevo programa asistencialista. Al menos esta es la idea inicial, aunque los resultados sólo los podremos evaluar en el futuro. Pero independientemente de esto, queda claro que por un simple tema de justicia social es necesario tomar acciones de corto plazo que atiendan esta lacerante realidad. 

México vive en una tragedia y los mexicanos nos hemos acostumbrado a vivir en ella. México es un país profundamente desigual y con niveles inaceptables de pobreza. Quiero precisar a qué me estoy refiriendo. Es obvio que esta comparación es fundamentalmente en términos relativos. No estoy realizando la comparación con aquellos pequeños países de enorme pobreza de América Latina, Asía o África. El contexto es el siguiente, y sin regresarme mucho en el tiempo. Tan sólo hace 20 años se hablaba de que nuestro país estaba listo para ingresar al selecto grupo de países de alto desarrollo y por eso nuestra membrecía en la OCDE. En los últimos años han regresado historias similares a los medios. México desplazará a Brasil, o se colocará en algunos años más como una de las principales economías del mundo, o será el ejemplo a seguir para otras economías en desarrollo. Estamos orgullosos de que nuestro país es un foco de atracción para capitales externos y también de que muchos inversionistas mexicanos estén colocándose en otros países. Tenemos empresas que se ubican entre las 500 de Fortune o incluso entre las 100 más importantes o contamos con el hombre más rico del mundo y otros "menos" ricos. Este es parte del contexto en el que hay que ubicar a un programa como el mencionado. Es una necesidad urgente pero al mismo tiempo nos ayuda a recordar nuestra tragedia.

Esta tragedia estriba en que seguramente este programa resolverá el problema del hambre de estos siete millones de mexicanos en pobreza extrema, pero también hay que reconocer que sólo los empujará a un estrato superior que contabiliza a los pobres en situación de pobreza en su definición más amplia y en donde su ubican más de 50 millones de mexicanos. Individuos en pobreza "moderada", con diversas carencias sociales y rezagos en temas de vivienda, servicios en ésta, salud o seguridad social. Esta es la realidad que nos pinta Coneval y no un académico "loquito y resentido" sentado detrás de un escritorio en el fondo de un cubículo. Estamos hablando de más de 50 millones de mexicanos "con un ingreso inferior a la línea de bienestar". Con un poco más de suerte y con la conjunción de otros programas sociales, varios de estos mexicanos podrán salir de esta clasificación de "pobres" para formar parte de nuestra creciente clase media, pero "empobrecida". Nada que ver con la clase media que en otros países, ahora ricos, jugó un papel fundamental para llevarlos a donde están ahora. Y de nueva cuenta, esta cruzada contra el hambre es necesaria en el corto plazo.

En el largo plazo, me queda claro que la única solución es lograr que nuestra economía pueda alcanzar altas tasas de crecimiento que además sean permanentes. Me queda claro que tenemos que resolver el problema de baja productividad y me queda claro que debemos incentivar y fomentar la inversión productiva, particularmente la privada. Aunque para ser honestos, esta claridad no resulta tan evidente. Y es que esta receta no sirve para México, no al menos en las condiciones actuales, con las reglas de juego, incentivos e instituciones existentes. Estas condiciones son las que provocan que nuestra realidad sea como la de un "nudo gordiano", en la que vemos todas las fibras pero no logramos encontrar las puntas que nos permitan deshacerlo.

Por ejemplo, fomentar la inversión privada con las reglas actuales no se traduce necesariamente en mayor crecimiento y bienestar generalizado. Como mencioné antes, tenemos empresas que en el contexto global se ubican entre las mejores del mundo, pero que internamente actúan con otros estándares, con una provisión sub-óptima de sus bienes y servicios, baja calidad, servicios deficientes y además extraen importantes rentas vía precios no competitivos. Si estas empresas actuaran con otras reglas e instituciones que promovieran la competencia, la reducción esperada de precios podrías significar un aumento en el poder adquisitivo de nuestros salarios sin necesidad de un aumento en estos. Y lo mismo sucede con el sector público. En diversos estudios señalamos que nuestro país tiene una baja tasa de recaudación (independientemente del tema de que no todos pagan lo que deben), pero a lo mejor no sería tan baja si la ajustamos por la calidad de los bienes y servicios que nos ofrece. Y puedo seguir mencionando ejemplos en este sentido. 

Al final pareciera que estamos atorados en un círculo vicioso y mientras no logremos modificar estas reglas del juego, las instituciones y los incentivos que generan, tendremos que seguir pensando en programas y más programas que mitiguen nuestra dramática realidad de pobreza, en todas sus definiciones. 

Twitter: @favillagomez 

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