Monday, December 22, 2014 - 12:24

"EL COCINERO OAXAQUEÑO"

Y ahora ¿qué hacer con los muertos?

CHEF DANIEL ROBLES SUMANO

Doña margarita comenzaba a levantar el altar de muertos de la casa que por muchos años mi abuelo tubo en el barrio de La Soledad, en Zaachila. Mientras él, Don Conrado se encontraba en el patio cortando las cañas en trozos para que los nietos pudiéramos pelarlas y comerlas a mordidas, extrayendo el dulce néctar de ellas, no sin antes terminar con todas las encías lastimadas de tanto masticar la fibrosa fruta.

Don Conrado sólo paraba entre corte y corte para partir entre sus grandes dedos los bien tostados cacahuates y comer de sus semillas y dar a alguno de los más pequeños de ellas por igual.

Ya en la cocina, el mole que había sido retirado del altar nos esperaba, junto con un poco más recién hecho ese día, pues con el de los "muertitos" no iba a ser suficiente para toda la "bola de chamacos", como nos decía el abuelo.

Este recuerdo ronda en mi cabeza desde hace más de veinte años, y viene a mi cada año, y un poco más frecuente desde que Don Conrado paso a ser uno de los agasajados de estas fiestas de los fieles difuntos, pues una vez pasadas las fechas del 1 y 2 de noviembre ahí no se acaba la cosa, pues viene lo mero bueno. Una vez que los difuntos se han comido la esencia de sus platillos favoritos, nosotros, los más "vivos", le llegamos a la materia, es decir a sopear nuestro pan en el espumoso chocolate, de leche o de agua, por igual.

Mezclamos el mole con un buen arroz blanco y su pieza de pollo o guajolote y para terminar esta comilona tejocotes en miel, calabaza en tacha, garbanzos con piloncillo o arroz con leche, todo dependiendo cuales eran los platos favoritos de los que, como se dice por aquí, se nos adelantaron.

Pero como los oaxaqueños, algunos más que otros, tratándose de comida tendemos a exagerar, (un bowl de ensalada de mi tía Mima alcanza para una comilona de 15, cada quien se lleva itacate y sobra para el recalentado) siempre terminamos con más de lo que podemos comer, así que le llevamos a la tía, al primo, a la sobrina, al compadre y en algunos casos hasta al profesor de la escuela (este año mi cuenta de panes, tamales y mole fue bastante substancial).

La matriarca de la casa arma los paquetes de pan, chocolate, cacahuates, mole, dulces, especialmente calabaza y demás y da las instrucciones, ¡Anda ve y llévale a la comadre Lupe sus muertos¡

Así pues los muertos a compartirlos pues es parte de la tradición de los fieles difuntos el compartir nuestros platillos con los más allegados, y también en casa siempre se espera el mole de fulanita porque le sale muy bueno o el chocolate de zutanita porque es doble almendrado y de los panes ni se hable, todos nos volvemos expertos, que si en que trajo de sola de vega el compadre Juan, que si el que mando la tía desde Pochutla, ese de levadura de olla, o el de yema de Etla. No cabe duda que como las tradiciones de mi Oaxaca no hay dos, algunas de ellas dolosas, ah, pero qué sabrosas...(*Colaboración)

 

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