Friday, October 31, 2014 - 00:56

Lejanía

FEDERICO REYES HEROLES

Traidores habrá siempre. Huerta ocupará un lugar especial junto a otros de su calaña. Pero una democracia debe estar blindada incluso contra los traidores. Vueltas da la vida. A principios del siglo veinte había un poco más de 64 estados nación. De ellos varios, el Reino Unido, Alemania, Francia, los Países Bajos, entre otros, tenían múltiples colonias. La concentración de poder era brutal. México llegó, en la total fragilidad institucional, a los cien años de vida independiente. El levantamiento de 1810 había sido sólo el inicio de la guerra de independencia. El XIX fue un siglo de lucha, inestabilidad y búsqueda. Pero un siglo después de nuestro primer centenario, en el 2010, el mundo es otro. Lo conforman poco más de 193 estados nación. Dos son las explicaciones centrales, el proceso de descolonización y las múltiples demandas de diversidad étnica, cultural y religiosa. Hubo años a finales de del siglo XX en que se crearon más de tres países por año.

México siguió otro camino. Después de haber perdido en el XIX la mitad de su territorio, por fortuna no se ha dividido. Así el tambaleante proyecto nacional de principios del XIX, es para principios del XXI, una de las naciones más grandes y antiguas del planeta. La historia de la democracia no es muy distinta. De las sesenta y tantas naciones de principios del siglo XX ninguna hubiera aprobado los requisitos de las democracias modernas. En el Reino Unido no votaban los no propietarios, en Estados Unidos no votaban los afroamericanos. Las mujeres simplemente no votaban. Los jóvenes tampoco. Para muchos las monarquías constitucionales de hoy, no dejan de ser una antigualla. O sea que todos estamos involucrados en la siempre perfectible construcción de las democracias. Hace una semana Obama criticó severamente al sistema electoral de su país. Nadie puede cerrar la discusión.

El último golpe de estado del México moderno lo encarnó Huerta. Las traiciones fueron múltiples, la debilidad de Madero incuestionable. Pero esa debilidad, no sólo era atribuible a Madero. Ciudadanía, partidos políticos, opinión pública, elementos esenciales de la democracia no estaban allí. No podían estar. México era un país poco poblado, con niveles de analfabetismo que rondaban el 90% y con una brutal dispersión territorial. El nacimiento de las democracias ha estado vinculado profundamente con los procesos de urbanización. Recomiendo El Triunfo de las Ciudades de E. Gleaser, Taurus. ¿Podía México ser una democracia real a principios del siglo XX? No, pero no éramos los únicos, hoy en cambio pertenecemos a los punteros. Freedom House asienta que el 60% de la población mundial vive en un régimen formalmente democrático, pero que sólo el 33% goza de libertad de prensa. A pesar de los recientes asesinatos de periodistas, México cumple con los dos requisitos.

El régimen de partido hegemónico que derivó de la revolución armada generó fuerte aparato autoritario. Pero también hubo avances políticos innegables. La pacificación, la consolidación de un gobierno central frente a los múltiples levantamientos locales o regionales etc. Hay otro del cual hablamos poco y que es envidia de muchos países: la institucionalización de las Fuerzas Armadas. Se festejó en unas horas, pero un siglo de vida institucional de las Fuerzas Armadas es un tesoro que debemos aquilatar. En América Latina un siglo de vida institucional es excepcional. México se encamina a otro festejo simbólico y no tanto, ser un país con un siglo de traspaso pacifico del poder. Son muy pocas las naciones del mundo que pueden levantar la mano en ambos renglones.

Por supuesto que hay todavía muchos problemas y no menores. En 1994 se dio una reforma que de hecho parió una nueva Suprema Corte. La fórmula para la designación de ministros sigue teniendo tropiezos. Se alega que deberíamos caminar hacía el mecanismo de los Estados Unidos: una sola propuesta del Ejecutivo. Pero de la consolidación del Judicial no hay duda. Hay problemas en los órganos autónomos del estado. Lo vimos en el vacío de consejeros en el IFE. Pareciera que la postulación de ternas -donde se de- en un país con tres partidos políticos nacionales no es la mejor fórmula. Por qué no pensar en grupos de cinco ciudadanos postulados por cada partido y de ahí generar un consenso cruzado. Fórmulas hay muchas.

Ahora enfrentamos la descomposición de una de las pocas nuevas instituciones de la República, el IFAI. Descabezar, mal. Ratificar a ciegas como lo marca el purismo jurídico, quizá se quede corto para la crisis de la institución. Ratificar caso por caso, dada la instalación de un nuevo órgano de gobierno, pudiera ser. La crisis está allí y habrá que escoger la solución menos mala. Como muchos países México sigue necesitado de diseños institucionales. Los actores -partidos e intereses políticos personales- no ayudan, de allí su enorme descrédito. Esa es nuestra compleja realidad. Pero, como sea, qué lejos se mira la traición de Huerta.

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