Querido Duque:
Trabajo en una empresa muy importante de aquí de Chiapas y soy secretaria de uno de los funcionarios más importantes de la compañía, del segundo de a bordo, por así decirlo. El licenciado, mi jefe, viaja mucho, por lo menos va una o dos veces por semana a la capital del país y está casado con una señora muy guapa, una de esas señoras que siempre veo retratada en los periódicos. Sus hijos son pequeños y están divinos y por eso me quedé asombrada cuando al estar acomodando los papeles del licenciado, mi jefe, me encontré una cámara digital y, por curiosidad, me puse a ver unas fotografías en las que él aparece muy bien vestido, de traje y corbata, besando en plena boca a un muchachito muy joven, como de dieciocho años, en un antro que no es de aquí. Había también otras fotos en las que sale el licenciado, mi jefe, en traje de baño en una playa con el mismo muchacho, y también había otras en las que están desnudos haciendo cosas que por respeto no te escribo. Estuve viendo las fotos durante mucho tiempo, de hecho las descargué en mi lap top para guardarlas, y no me explico porque el licenciado, mi jefe, siendo tan guapo y teniendo una familia tan bonita y con dinero, hace esas cochinadas. Me imagino lo que sentirían su esposa o su mamá si se enteraran.
Anónima
Tuxtla Gutiérrez
Querida Anónima:
Ese hombre depositó su confianza en ti y su vida sexual debe tenerte sin cuidado ¿total? tal vez el viajar tanto le causó algún efecto y se dejó llevar por deseos que seguramente tenía reprimidos y que de otra manera no se le hubieran salido de control. Sin embargo, se trata de un adulto que sabe lo que quiere y que lo obtiene; que no ha cometido otra estupidez que la de creer que eres una persona de fiar ¿cómo está eso de copiar las fotos de su cámara digital? no te mediste, espero, aunque lo dudo, que no las estés mostrando a todos los que juran que no van a divulgar el secreto. Por otra parte, te aseguro que el lado homosexual de la vida de tu jefe no es algo que ignoren ni su esposa ni su mamá, que, seguramente, son las dos personas que mejor lo conocen.
Duque:
Soy español y no me gustan la comida mexicana ni la chiapaneca. Odio las tortillas y por más que le pido a mi mujer que me compre pan blanco (bolillos), ella no lo hace y compra tortillas porque dice que debo acostumbrarme a la dieta del maíz, que es la que priva en estas tierras. Por si fuera poco, cuando se enfrían las tortillas no las quiere volver a calentar y frías son incomibles. Le he pedido que no guise con picante, y ella le echa chile de árbol hasta al espagueti. Mi estómago no lo resiste más, mi esposa usa manteca de cerdo en lugar de aceite de oliva y en la mesa en lugar de vino, se bebe coca cola. Ni a mi suegro le apetece el vino. El único gusto gastronómico lo he recibido de mi suegra, que en mi fiesta de cumpleaños más reciente me hizo unas enchiladas de mole dulce con tortillas de harina de trigo y pollo, pero, te repito, no aguanto más la comida de México.
Ramón
San Cristóbal
Querido Ramón:
Yo sé lo que es estar viviendo en un país cuya gastronomía te resulta repugnante. Lo mismo me sucedió a mí en Holanda, en donde tenía que refugiarme en el queso, en las legumbres y en el pan, pero odiaba con singular alegría la carne de anguila y las papás fritas con mayonesas extrañas. La gente se ofendía cuando yo no quería comer la comida regional, pero ni así hacía yo los honores a lo que no me gustaba. Yo soñaba con unas simples tostadas de tortilla de maíz fritas con grasa de puerco, bañadas con salsa de tomate picante; y espolvoreadas con queso chiapaneco. De hecho, eso fue lo primero que comí al bajar del gigantesco jumbo jet que me trajo de regreso a mi tierra. Trata de acostumbrarte a lo que comemos aquí, pero si no puedes, trépate a un avión de Iberia y deja a tu mujer con sus tacos y sus tortillas, y búscate una compañera en España, de donde nunca debiste salir.
Duque:
Vas a pensar que soy una cochina, pero quiero decirte que me encanta el sexo oral, tanto en su versión activa como en la pasiva. De hecho prefiero eso a los besos en la boca, y cuando salgo con un muchacho que quiere que usemos condón en el oral yo no se lo permito porque sé de muy buena fuente que el sexo oral no es un factor de riesgo para contraer enfermedades.
Brisa
San Cristóbal
Querida Brisa:
Tienes razón: eres una cerda y, además, ignorante. Las relaciones sexuales orales sin protección se consideran de alto riesgo, no sólo en la transmisión del VIH, sino de la hepatitis “C”, la amibiasis, la gonorrea, el herpes y mil porquerías más. Espero que por lo menos te cepilles los dientes con frecuencia y hagas gárgaras con astringosol. Tragarte el semen de tu pareja es como jugar a la ruleta rusa.
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