Martes 22 de Mayo de 2012
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VST 13: la pandilla oaxaqueña
19 Sep 2011 - 11:54

VST 13: la pandilla oaxaqueña

En la década de los 90, un grupo de jóvenes oaxaqueños migrantes, importó de la Unión Americana la pandilla de los Vicky´s Town, VST 13.

La Central de Abasto de la capital se convirtió en el punto de reunión y reproducción de esta corriente juvenil que no sólo adoptó la moda de pantalones y playeras guangas de los paisanos radicados al otro lado de la frontera norte; sino también, viejas rencillas de las que nadie recuerda su origen.

Los cholos viven “la vida loca”, escuchan rap, pelean un territorio y pertenecen a una banda que se agrupa en algunos casos para robar, pelear, dominar, y en otros sólo para disfrutar el momento. Noticiasnet.mx te presenta “VST 13: la pandilla oaxaqueña”.

 

Mi vida loca

Tres puntos tatuados en el brazo, en el rostro, en la pierna, en cualquier parte del cuerpo. Tres posibles destinos: el hospital, el panteón, la cárcel. Opciones de vida de los jóvenes que se asumen como cholos.

La pandilla llegó a Oaxaca en la década de los 90. Su vestimenta los hacía diferentes, los identificaba del resto de los grupos juveniles. No tenían el cabello largo, ni vestían de negro. Por el contrario, este sector se identificaba por el corte casi a rape y ropa extra grande.

Los cholos viven la “vida loca”, defienden territorios, pelean, codifican su barrio en señales con las manos, exacerban su pertenencia mexicana, hablan de números, de largas distancias, se tatúan, fuman “mota”, a veces roban y hasta se matan, son una expresión de la juventud.

Los importadores del Vicky’s Town (VST) 13 a Oaxaca, son hoy adultos que migraron en su adolescencia al país vecino del norte, donde se convirtieron en pandilleros. La Central de Abasto se volvió el lugar de reunión, por ser el sitio de trabajo de los jóvenes que regresaban, así como el paso obligado hacia las colonias marginales del sur y oriente de la capital.

“Sólo buscamos divertirnos, pasar un buen rato, escuchar música, salir a la calle, reírnos. Vivir la vida loca. También queremos pelear con los que son de otros barrios, defender el territorio you know”, confiesa “Sad crazy” (triste loco).

El joven quien tiene en su cuerpo 35 tatuajes, entre ellos una lágrima negra que escurre de su ojo izquierdo, apenas tiene 21 años y desde los 13 ha sido parte de los Vicky’s Town 13.

--¿Estás consciente de los caminos que crees te esperan?

--Sí, de no estarlo no sería cholo. Sé que en cualquier momento alguien me puede matar, lo he visto con mis amigos. En ocho años de ser 13, he asistido a 15 funerales de amigos cercanos.

“El triste loco”, viste playera blanca, pantalones guangos, tenis y una gorra. Mientras habla sobre su vida, voltea a ver a su hijo de dos años, que se cuelga al cuello de su mamá. “No me gustaría que él pasara por lo mismo que yo”, confiesa.

La clika

En la ciudad de Oaxaca, calculan los miembros de la VST 13, se contabilizan alrededor de 400 cholos que pertenecen a esta pandilla, quienes “defienden su territorio” de otros barrios como los 18 y 21, además de mantener rencillas con los punks y rockers.

El grupo tiene presencia en el Centro Histórico, principalmente en el Zócalo capitalino, San Juan Chapultepec, San Martín Mexicapan, la Central de Abasto, San Martín Montoya, Volcanes, así como municipios conurbados: Ánimas Trujano, Zaachila, entre otros.

Los 13 se agrupan en “clikas” de acuerdo a su colonia. Son famosos “los traviesos”, quienes han hecho suyo San Juan Chapultepec, hogar de uno de los fundadores que actualmente se encuentra internado en el penal de Ixcotel, acusado de homicidio.

Para integrarse a la pandilla, hombres y mujeres deberán soportar al menos cinco minutos de patadas, puñetazos y golpes, con lo que “se saltan” a la vida loca, es decir, son recibidos en este grupo.

Cada clika, explica “Dreamer” (Soñadora), tiene sus propias reglas, hay algunas que prohíben que los homies (home boy –chico del barrio) se droguen con solvente, que roben, pero hay otras en las que todo es posible, a veces sólo se reúnen para delinquir.

Además de contar con una larga lista de “enemigos”, los cholos saben que pueden ser sujetos de agresiones por parte de la policía, la cual de manera continua los detiene e inspecciona. “A veces nos siembran droga”, afirman miembros de la agrupación.

Y aún cuando reconocen que consumen sustancias ilícitas de manera frecuente, además de que se golpean con los 21 o los 18 en la vía pública y a veces roban, esto, aseguran, forma parte de la vida que han decidido llevar.

También, consideran, hay quienes se han alejado de la pandilla, tienen hijos, pareja, un trabajo estable, pero aún así, continúan reuniéndose periódicamente con los “homies” para pasar un rato agradable.

El estilo cholo

Vivir como cholo es costoso: la vida está en riesgo permanente, dado que en caso de encontrarse con un joven vestido con camisas y pantalones grandes, es obligación de los miembros de la pandilla preguntar a qué barrio pertenece.

“Cuando los 18 o los 21 llegan a nuestro territorio, tenemos que correrlos a golpes”, indica Sad crazy.

--¿Y por qué es el pleito?

--Viene de Estados Unidos, pero ya ni ahí se acuerdan, las veces que he estado del otro lado, los del barrio no saben. Lo importante es defender el territorio.

Además del precio físico que representa ser cholo, existe también un estilo que debe cumplirse a cabalidad, el cual incluye un guardarropa básico.

Thipsy (Alegre), uno de los pocos comerciantes de ropa chola en la capital, apunta que estos jóvenes deben vestirse con tenis cafés, pantalones Dickys o Ben Davis. En algunos casos, es permisible la bermuda, cuando ésta se combina con mallas blancas.

La moda, refiere, procede de la cárcel del país vecino del norte. Donde los uniformes se convirtieron en un icono que los identifica como parte de una pandilla.

El integrante del grupo oaxaqueño de rap cholo “Los victorianos”, agrega que en su andar por las calles le ha dejado múltiples experiencias que las convierte en canciones.

--¿De qué habla tu letra?

--De los desmadres, de los problemas, de vivir.

--¿Denuncias algo?

--No. Ese no es el fin. Lo mejor es que la pasemos bien. Hay que reír porque mañana lloraremos.

Las nuevas generaciones

Desde la llegada del movimiento cholo a Oaxaca, al menos cuatro generaciones agrupadas en quinquenios han formado parte de esta pandilla.

En el estado, de acuerdo al último censo de población del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), se contabiliza un millón 241 mil personas de entre 12 y 29 años de edad. El mayor bono demográfico juvenil en la historia.

No obstante, la entidad presenta también uno de los mayores crecimientos de pobreza en el país, con un incremento de 260 mil personas durante 2008 y 2009, de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

A lo que se suma la baja escolaridad y pocas oportunidades de acceso a la educación, así como la desintegración y violencia familiar.

Los miembros de la pandilla VST 13 coinciden en que los problemas familiares, la falta de recursos y la urgencia de migrar, fueron factores fundamentales para reunirse.

“Podemos no ser familia, pero nos apoyamos cuando lo necesitamos, cuando alguien no tiene dinero y sale de su casa por problemas, ahí estamos los 13”, afirman Sad Crazy, Tip´s y Litle clown.

--¿Desearían que sus hijos pertenecieran a una pandilla?

--No.

La respuesta es inmediata, ellos quieren darles mejores oportunidades a sus familias, mejores de las que ellos tuvieron.