El legado del pintor Rodolfo Morales está abierto al público. En la calle 5 de mayo, del municipio de Ocotlán de Morelos, se localiza la Casa-Museo del artista, espacio que está abierto a todo aquel que quiera conocer el lugar donde habitó y creó sus piezas. En ella se encuentran: un taller de pintura, estudio de collage y una galería, que exhibe, la obra de "El señor de los sueños".
Cada seis meses, es rotada la obra de Morales, cuyo acervo, en poder de la Fundación Rodolfo Morales, es de 376 piezas, entre cerámica, óleos, collage, gráfica, dibujos y gobelinos, resguardados por esta fundación, para exhibición de quien visite este espacio.
Al interior de esta edificación colonial, sobresale el peculiar estilo del maestro Rodolfo Morales, quien coleccionaba desde esferas, botellas, envases, muebles antiguos, santos y cristos, hasta botellas de perfume. Cada cuarto mantiene el toque del artista, quien personalmente acomodaba y decoraba cada habitación de esta casa.
Una parte de la casa pertenece a la familia del pintor y la otra, es sede de la fundación que lleva su nombre. Rodolfo Morales compró esta construcción en 1965, cuando aún no era conocido plásticamente, cuenta su sobrino Alberto Morales. En 1985, luego que se jubiló, el pintor comenzó a radicar a Ocotlán.
La cocina destaca por su vasta colección de ollas y cacerolas, así como por la decoración de las puertas de madera, que el mismo Morales pintó. Amante de los muebles antiguos y los vitrales, prácticamente en todos los espacios de la casa, el visitante encontrará estos referentes. En las habitaciones hay muñecas, plumas de pavo real, fotografías, tapetes, comedores, camas, roperos, cómodas y hasta un piano, así como pequeños objetos que el artista compraba en sus viajes alrededor del mundo.
El patio es amplio y abundante en vegetación, aún habitan en esta casa tres perros. En vida, Rodolfo Morales, refiere su sobrino, tuvo siete perros: Sultán, Six, Oso, Chino, Pil, Rabo y Napoleón, a quien evitaba nombrar en presencia de invitados franceses.
Galería, estudio y sala de cómputo
En la parte posterior de la casa hay un pequeño teatro al aire libre, el cual ya no esta en uso, porque el espacio es reducido ante la demanda de público que llegaba los espectáculos; ahí se han presentado funciones de teatro y títeres. En la planta alta se ubican: la galería, el estudio de pintura y el de collage, así como una sala de cómputo, abierta a los jóvenes ocotecos.
En el estudio de pintura están sus bastidores, óleos, pinceles, cuadros inconclusos y acrílicos tal como los dejó. Así como un sillón que ocupaba y sus botas de trabajo. Dejó en total, 29 obras inconclusas. Alberto Morales relató que los en los últimos años de su vida, el artista dormía en Oaxaca, desayunaba y comía en Ocotlán y trabajaba en ambos lugares.
"A las tres de la tarde se regresaba a Oaxaca y al otro día llegaba a las siete de la mañana a Ocotlán a trabajar, aquí estaba hasta las dos, que comía y luego se regresaba a la ciudad. Pintaba de siete a nueve, luego desayunaba y se subía a hacer collage".
La casa está abierta para toda la gente que deseé visitarla; también hay una biblioteca con libros de interés general. Este espacio también cuenta con una sala de cómputo abierta a los estudiantes de este municipio, recientemente recibieron la donación de dos equipos para diseño gráfico, de dos norteamericanos que visitaron la casa y decidieron hacer un regalo a la comunidad.
El horario en el que usted puede visitar esta casa es de ocho de la mañana a ocho de la noche. El horario de la Fundación Rodolfo Morales es de 10 de la mañana, a tres de la tarde y de cinco, a ocho de la noche.
Ocotlán de Morelos, se encuentra 34 kilómetros al sur de Oaxaca, por la Carretera Federal 175 a Pochutla. El camino pasa por varios pueblos de artesanos: San Bartolo Coyotepec, San Martín Tilcajete, Santo Tomás Jalietza y Santa Ana Zegache.
Ocotlán significa "Lugar de ocotes", pero se conoce como Ocotlán de Morelos, porque durante la Guerra de Independencia el general José María Morelos y Pavón y sus tropas acamparon durante tres días en su plaza.
por CARINA PÉREZ GARCÍA


