Hasta esta publicación, amables lectores, hemos abordado diversos temas que han aportado información diversa sobre la realidad económica, social, política, cultural e inclusive ambiental de nuestro estado durante la etapa de la colonia, la cual como es bien sabido se extendió a lo largo de 300 años, en los que la población nativa padeció la explotación más cruenta y despiadada por parte de los conquistadores, quienes instauraron un sistema de dominación que en varios casos fue implementado a partir de la propia organización social preexistente.
En esta ocasión y con base en la información contenida en nuestros acervos documentales, hemos querido presentar la descripción de una serie de acontecimientos de diversa naturaleza, que en distinto grado, coadyuvaron a generar las condiciones para que Oaxaca, que era una provincia importante de la Nueva España, se incorporara al proceso de lucha que se cristalizó, años más tarde, con la independencia de nuestra nación, respecto de la Corona Española.
En nuestra colaboración anterior se hicieron algunas descripciones sobre la actuación de la burocracia colonial que gobernó a Oaxaca durante los últimos años de este período; dicha información al igual que la que en esta ocasión les presentamos, se encuentra dentro de los fondos documentales de “Alcaldías Mayores”, “Real Intendencia”, “Obispado de Oaxaca” y “Tesorería Principal”, y sus expedientes se encuentran a disposición de quien desee consultarlos y profundizar aún más en estas interesantes temáticas. En los inicios del siglo XIX, la Corona Española enfrentaba ya grandes problemas, que desde luego se vieron reflejados en la vida interna de todas sus colonias del continente americano. En lo que se refiere a la Nueva España, las inconformidades de la población originaria por la voracidad de los españoles peninsulares en acaparar los puestos de la burocracia colonial y por monopolizar el poder económico, abonadas por la difusión que por esos años y de forma clandestina se daba entre la población letrada, de las ideas de los enciclopedistas y de la llamada ilustración, al grado que por esos años en Oaxaca se prohibió la lectura de obras que hablaran sobre la Revolución Francesa. A nivel de Europa, la nación española se veía amenazada por el expansionismo industrial de los ingleses y por el intervencionismo militar de la Francia Napoleónica que invadió el territorio español en 1808.
Por lo que se refiere a la situación que prevalecía en Oaxaca, durante los años previos al inicio de la Guerra de Independencia, tenemos que en el año de 1783, caen en el Valle, fuertes y abundantes lluvias que provocaron tanta humedad en los terrenos de cultivo, que ocasionaron la perdida de numerosas cosechas; posterior a ello, durante el invierno de ese mismo año, en la región de la Sierra Norte, se presentaron intensas nevadas que llegaron a afectar una parte de la región de los Valles, donde se encuentra asentada la población de Teotitlán del Valle, del actual Distrito de Tlacolula.
Posteriormente en 1787, en un largo lapso de 40 días, se suscitaron varios movimientos telúricos, a los cuales se les conoció como los “Temblores de San Sixto”, mismos que causaron graves destrozos y pánico entre los pobladores del Valle de Oaxaca. Paralelo a estos acontecimientos que provocaron carestía y serios problemas de hambruna entre la población nativa, las autoridades españolas se ven obligadas a tomar la determinación de incrementar la recaudación de mayores fondos (impuestos) para destinarlos al apoyo y sostenimiento de las distintas tropas del ejército al servicio de la Corona Española, ya que ésta se veía amenazada por las fuerzas inglesas y los ejércitos de Napoleón Bonaparte.
El programa de recaudación de mayores impuestos entre la población, se extendió por varios años, lo cual representó un incremento en la explotación, que de por sí, ya era aplicada a la urbe originaria de la región, obligándose incluso a los Curas a entregar a las autoridades territoriales una parte de los diezmos que estos obtenían de los pobres feligreses que acudían a sus servicios religiosos.
Más tarde en 1793, y debido al cobro exagerado de diezmos por parte de los párrocos del Valle de Oaxaca, se presentaron agudos conflictos que tuvieron que ser conciliados durante la Preconización del 22º. Obispo, Don Gregorio Omaña de Sotomayor; siendo en ese mismo año cuando que a consecuencia de la erupción del volcán San Martin, ubicado en tierras veracruzanas, la región de los Valles de Oaxaca, se vio invadida por una espesa capa de cenizas volcánicas, lo cual causó que el cielo se tornara oscuro y rojizo, situación que fue recordada por mucho tiempo por la población Vallista.
Posteriormente en 1794, sucedió otro prolongado temblor que ocasionó grandes daños en varios templos y edificios del centro de la ciudad de Oaxaca. Un año más tarde, otro movimiento telúrico causó muertes y severos daños físicos no solamente a la ciudad de Oaxaca, sino también en los poblados situados en sus alrededores, quedando en esa ocasión, totalmente destruido el templo de La Consolación.
Además de las catástrofes naturales descritas en 1796, la población del Valle fue azotada por graves epidemias como la de viruela, que causó numerosas pérdidas de vidas humanas, al respecto existe información que sin acatar las órdenes de las autoridades coloniales españolas, la población originaria determinó atender a sus enfermos en sus propias casas; se sabe también que este problema afectó además del Valle de Oaxaca, a la población del Istmo de Tehuantepec y para colmo en 1800 y 1801, regresan de nueva cuenta los movimientos telúricos, siendo el primero el más desastroso, el cual recibió el nombre de “San Juan de Dios”; en esa ocasión quedaron destruidas varias construcciones de la ciudad de Oaxaca, entre otras, Los templos del Carmen Bajo, San Agustín y la Compañía, presentándose en este período una plaga de langosta que destrozó los cultivos de los Valles Centrales y la región istmeña. Es en 1800, cuando se realizó el primer Censo de población de la ciudad de Oaxaca, reportando este un total de 14,000 habitantes.
Ante las graves informaciones que por esos años procedían de la península Ibérica, en las que se divulgaba la preocupante problemática que enfrentaba la Corona Española por la asechanza de otras potencias europeas de esa época; los integrantes del Clero realista y los ricos comerciantes peninsulares del Valle de Oaxaca, se organizaron en jornadas para realizar distintos actos en los que expresaban juramentos de lealtad hacia el Rey de España, que en esos tiempos era Don Fernando VII, además de los Españoles poderosos, propietarios de haciendas, ranchos, comercios y tiendas, en estos actos se obligaba también a la población originaria que trabajaba como empleada de los primeros a manifestar su juramento de lealtad hacia la monarquía española.
Por el año de 1802, cuando ejerció como Vigésimo Tercer Obispo de Oaxaca, Don Antonio Bergosa y Jordán, español peninsular de ideas profundamente realistas, a quien le tocó proceder en contra de los clérigos que fueron apresados y enjuiciados por difundir entre sus feligreses las ideas de insurgencia; este periodo fue también particularmente desastroso, debido a que regresó nuevamente la plaga de langostas a destruir numerosos cultivos de los Valles de Oaxaca.
Todos los acontecimientos anteriormente descritos y otros más que por razones de espacio no se incluyen en este resumen, fueron sin duda, los elementos que desembocarían en la llamada Guerra de Independencia, movimiento armado que se extendió a lo largo de varios años y que dio por concluida la etapa colonial en nuestro país.(Guadalupe Munguía Santiago, Investigadora del AGEPEO)


