La Colonia fue sin duda, una de las etapas que trasformaron significativamente la vida de los habitantes de lo que llamarían la Nueva España, y a pesar de la resistencia que opusieron los pueblos originarios a ser conquistados, se dice que no fueron las armas de los españoles las que lograron este objetivo, sino la palabra de los frailes de las distintas órdenes religiosas que incursionaron en casi todos los rincones del actual territorio mexicano.
La tarea de evangelizar no fue sencilla ya que existían diversos factores adversos, tales como la gran cantidad de pobladores, su ubicación y en muchos casos la dispersión geográfica de sus asentamientos; no obstante el mayor reto fue superar la barrera del lenguaje, por lo que algunos frailes idearon los primeros métodos de instrucción novedosos dirigidos a los indígenas, los cuales estaban basados en mecanismos audiovisuales a través de cuadros en los que presentaban los grandes atributos de Dios, brindando esta enseñanza tanto a mujeres, como a hombres, incluyendo niñas y niños.
La educación de la mujer en la colonia se convirtió en una estrategia de vital importancia ya que cuando los pobladores originarios adoptan la monogamia, no es sino la mujer, la que se encargaría de continuar con las tareas de la evangelización al interior del hogar y para lograr este cometido era necesario que aprendiera a leer.
Sin embargo como es ampliamente sabido, dentro del sistema colonial persisten distintas clases sociales, razón por la cual la educación de la mujer en el siglo XVI era diferente para cada estrato social.
En la clase alta, los propósitos de la educación eran claros, pues las féminas fundamentalmente jugaban el rol de objetos de compañía en la vida pública del marido, y al interior de la casa eran las responsables de imbuir y mantener la honra familiar, transmitir valores culturales y morales, encargarse de la crianza de los hijos y manejar todos los asuntos relacionados con la vida doméstica. Por lo tanto el matrimonio era la etapa más crucial de su vida y para ello debían ser preparadas, por lo que sus padres las enviaban desde niñas a los colegios de religiosas donde se instruían aprendiendo las labores del hogar y en donde podían tener acceso limitado a conocimientos que en esa época eran considerados propios del hombre, tales como el aprendizaje del latín o el manejo de la administración; estudios que con el paso de los años se convertirían en el pasatiempo favorito de las "señoras" de sociedad, ya que las labores domesticas eran realizadas normalmente en su totalidad por la servidumbre, llegándose a decir que entre más tiempo de ocio tuviera la dueña de la casa, mayor estatus social tendría el cónyuge.
En el caso de las mujeres indígenas y mestizas que pertenecían a la clase trabajadora sin ser esclavas, la educación se enfocó de manera fundamental, al aprendizaje de algunos oficios que les ayudasen en la manutención de sí mismas y al sostenimiento de sus familias, puesto que las condiciones económico-sociales propias de cambio en que se encontraba el país, les exigían en muchas ocasiones, integrarse a las actividades del comercio, ligadas al trabajo doméstico, o a la elaboración de algunos productos o bienes de consumo, sin que esto afectara su reputación, ya que ellas no tenían un linaje que conservar, ni un apellido que cuidar.
Para las mujeres esclavas negras, bastaba que aprendieran las labores del campo o servicios del hogar, pues siendo consideradas como propiedad de los personajes de la alta sociedad, no podían ni debían aspirar a mas.
En Oaxaca podemos ver reflejado el estilo de vida de la mujer en el período colonial a través de la consulta a numerosos documentos que resguarda el Archivo General del Poder Ejecutivo en sus fondos de Alcaldías Mayores y Obispado de Oaxaca, brindando al lector la oportunidad de adentrarse en los problemas o situaciones que enfrentaban las mujeres, según su condición social; de esta manera podemos encontrar en las guías de estas colecciones documentales, testamentos de mujeres de sociedad que heredaban sus propiedades, así como observar diversas demandas por abusos cometidos en contra de mestizas o indias, e incluso se pueden averiguar los precios asignados dentro del comercio de las esclavas de aquella época.
Las difíciles condiciones en las que la mujer se desenvolvía en la etapa colonial eran aun más agudas en los estratos sociales más bajos y de escasos recursos económicos, es así que la idea de educar a todas las mujeres, independientemente de su posición social, empezó a tomar fuerza hasta finales de la colonia y como se señala con anterioridad, fue precisamente en los conventos religiosos donde la educación de las féminas logró alcanzar sus más importantes avances.
PRIMER CONVENTO FEMENINO
La Ciudad de Antequera tuvo su primer convento femenino en 1576, dándole el nombre de: La Madre de Dios y de Santa Catalina de Sena, fundado por el obispo Bernardo de Alburquerque. En cita del presbítero José Antonio Gay en el libro Historia de Oaxaca: El Sr Alburquerque, después de haberlo autorizado unido a los demás obispos con su firma, volvió a su diócesis para continuar las fatigas que le imponía su incansable celo. Uno de los actos en que resalto su deseo de honrar a Dios fue la fundación que hizo del monasterio de religiosas dominicas de Oaxaca.
"Nada más bello y útil que esos conventos en que las vírgenes consagran al cielo los afectos de toda su vida. La iglesia católica, desde los primeros siglos de su existencia, da en su seno un lugar preferente a las vírgenes. Hay en la mujer algo que se admira, se venera y se ama cuando se consagra a Dios; hay en los afectos ingénitos de su corazón cierta pureza que permanece inmaculada cuando ellas se dirigen al cielo. El amor se profana y envilece cuando toma una forma humana; pero se diviniza en cierta manera cuando del todo se ofrece al Ser Supremo. Así lo han reconocido todos los pueblos, los menos cultos y los más antiguos, así como los más modernos y civilizados. En esas vírgenes sagradas, la noble dignidad de la mujer se conserva intacta: ellas impiden creer que la mujer no tiene sobre la tierra otro destino que el de servir a los brutales placeres del hombre. Además, las monjas oran a Dios por los pecadores, y según creemos los católicos, con sus preces alejan las calamidades que los pueblos atraen con sus desórdenes. En fin, Dios es digno de ser amado y servido con la perfección a que aspiran los monjes del catolicismo."
Para 1592, el ilustrísimo Fray Bartolomé de Letona funda también en Antequera un convento de monjas concepcionistas que llevó el nombre de Regina Coeli.
La educación en los conventos se dice que fue en corta escala pero muy relevante, sumándose a esta labor el Colegio de Niñas, fundado en la época del reconocido Obispo Sariñana, mismo que al ver la pobreza de las huérfanas y con la finalidad de que estas pudiesen recibir educación cristiana resuelve construyéndoles un espacio donde tuvieran una formación integral que comprendiera la enseñanza de la doctrina, del dogma católico y de una forma de vida con austeridad que les permitiera vivir adaptadas a las costumbres españolas de aquel entonces.
En cuanto a las características de este colegio, contaba en su perímetro con bardas muy altas que impedían el contacto con el mundo exterior y la comunicación se daba solamente a través de los tornos y de las rejas; las aulas de enseñanza se denominaban salas de labor y ahí aprendían a leer, escribir, las cuatro operaciones fundamentales de las matemáticas, al igual que a coser, bordar, tejer y hacer otras manualidades que les serían de utilidad al casarse. La cocina y la repostería también fueron actividades fundamentales en la preparación de las doncellas, las que se fueron transmitiendo el arte culinario de generación en generación, ya sea en su hogar o en los lugares a donde laboraran.
En el referido colegio se presume que las maestras nunca fueron monjas sino mujeres casadas, viudas o solteras con la vocación de servir e instruir; todos estos factores se conjuntaron para que la escuela adquiriera prestigio y donaciones a su favor a lo largo de sus casi dos siglos de existencia, persistiendo hasta la época de Don Benito Juárez, en la que desaparece como efecto de la Leyes de Reforma y reaparece en época de Porfirio Díaz con el nombre de Academia de Niñas.
Con base en lo anterior, se puede analizar que durante los 300 años que duró la dominación española, a la mujer se le preparó para participar en el hogar, como un instrumento de evangelización e inculcación de valores morales pero además para ser compañía, eficiente ayudante y en muchos casos "sirviente" del hombre, sometida o dirigida a causa de su status de "inferioridad", sin olvidar el rol que compartían todas: el de ser la base de la familia; ganándose el respeto, admiración o bendición a través de la conservación de los valores y el cumplimiento de los mandamientos de Dios.
Gradualmente y con el tiempo se fue modificando la instrucción femenina, siendo una lucha diaria y constante, la búsqueda de un espacio en una sociedad que por mucho tiempo valoró la docilidad, la obediencia y la fragilidad de una mujer colonial que, poco a poco ha ido quedando atrás, a través de la participación cada vez más activa en los diferentes ámbitos de la vida actual de la Nación Mexicana.(Guadalupe Munguía)


