Don Elías Meléndez
El Pariente de sol y tarima
Tuxtepec, Oaxaca.- Reconocido como el mayor jaranero de la región de la Cuenca del Papaloapan a pesar de sus años, Don Elías Meléndez tiene magia en sus manos. Conserva la fuerza en sus dedos para interpretar melodías producto de las cuerdas de su jarana, que hizo vibrar a un pueblo en las fiestas patronales de los años treinta.
Hijo de Vicente Meléndez Ravelo y Sofía Nuñez Matías, matrimonio pobre y campesino. Los describe Don Elías sentado en la silla. Luce una camisa de manga larga arremangada, pantalones desteñidos por el sol del campo y huaraches descuidados. No puede faltar el sombrero de cuatro puntas, que sigue sus pasos desde siempre.
A Don Elías no le importa su apariencia, al contrario, el porte es de un hombre de campo.
Manos fuertes. Dedos largos. Un músico nato, reservado al hablar, pero que expresa
todas las emociones al hacer lo que más le gusta; tocar la jarana autentica, la tradicional.
El niño se volvió un hombre solo
Desde muy pequeño tuvo contacto con la jarana. El instrumento que sería su amigo inseparable años más tarde. Playa Vicente en los años treinta, no era más que una pequeña comunidad, todos se conocían, eran familias y amigos. La familia de Don Elías trabajaba el campo de sol a sol.
A los doce años, comenzó a tocar la jarana - aprendí solo, nadie me enseñó. Mi papá también era músico, en Playa casi todos somos músicos, lo tenemos en la sangre- relató Don Elías conservando el aire de naturalidad en sus palabras.
Lo rodeo una infancia donde la única actividad era ayudar en el campo. La escases económica en la comunidad, los dejaba sin oportunidades de forjarse un mejor futuro. Aquel niño , o como él se describe, se convirtió en un hombre solo, una gente pobre, de trabajo, aprendió a valerse por sí mismo.
En aquel entonces, platicó la única diversión eran las fiestas patronales. De todos los pueblos cercanos bajaban pobladores para reunirse en el centro de Playa. “Recuerdo que con ayuda de mi primo, me unía a los jaraneros más viejos, quienes se disponían a interpretar un son. Como era yo muy joven, me tenía que subir a una silla para estar a la altura de mis compañeros y se iniciaba el bailongo”.
“Así viví casi toda mi juventud, tocaba aquí por allá, donde me invitaban iba”. Siempre he sido muy caminador. A mí me buscaba mucho “Chico Hernández” para ir a tocar. Yo salía por gusto para divertirme”.
Una juventud alegre, donde el baile era parte de la vida de Don Elías, quien al subir a la tarima tomaba de la mano a la que se prestase para sacarle brillo a la suela, a una cristiana, como él lo expresa sonriente.
Mientras los años avanzaban su curso, poco a poco su música y la manera de tocar la jarana se iba haciendo más famosa por la ribera cuenqueña.
A los 30 años de edad decidió dejar Playa Vicente . Viajó a la ciudad de Tuxtepec a trabajar. Dejó atrás cinco hijos y la señora, como él le nombra. Al llegar al suburbio cuenqueño, el don de sus manos lo hizo toparse con sus parientes, dedicándose al trabajo del campo conoció a su segunda señora, formaría con ella una familia de diez hijos.
Después de cincuenta años de radicar en la ciudad, Don Elías continúa trabajando. Ya no vive con la segunda esposa. Sus hijos y ella lo siguen apoyando. Pero la soledad es lo único que le queda cuando deja la Jarana.
“Dime qué más puedo pedir”
Lúcido recuerda los lugares donde se ha presentado. Cuando joven formó el grupo “Los parientes”, en su pueblo natal. Ahora sólo los escucha en sus aprendices. Después se unió al grupo “Butaquito” con quien grabó algunas canciones, siendo Jarana primera y segunda en el disco: “El son de mis recuerdos”.
Elías Meléndez, se ha presentado en diversas parte del estado y el país, incluso lo han buscado de lugares como Argentina.
Compartió su música con los “Soneros de Tesechoacan”. Ha grabado discos musicales con otros grupos. “Si alguien comenta, que en ese disco toca Don Elías, se vende como pan caliente”, expresó sonriente.
“Don Elías no necesita de una agrupación” refiere sobre sí mismo. Su argumento es que a lo largo de los años ha creado una fama musical propia. “A mí me vienen a buscar de muchas partes. Hubo una vez que me visitó un joven de Argentina, vino a hacerme una entrevista, pues le llegó el rumor de mis siete afinaciones. Las siete afinaciones yo las hice. Entonces me tomaron unas fotos y le enseñe lo que se, jamás volvió”.
“Hubo otros señores, supuestamente me iba a grabar un disco y si grabaron mis afinaciones y todo, pero nunca me trajeron nada, ni siquiera para echarme un taco. Tiempo después un pariente me comentó; Oye pariente fui a Alvarado y escuche tus afinaciones, tocan igualito a ti”.
A pesar de los engaños, a Don Elías no le importa, pues asegura no se llevará nada cuando muera. El continúa compartiendo su música. Cuando alguien entra a la casa de palma donde imparte clases de jarana, ofrece una silla y comienza a platicar sus anécdotas, no utiliza la palabra no, él hace lo que le gusta: tocar la Jarana, una fiel amiga por más de setenta años.
“Yo viví una vida de fiesta. Bailé, tomé, disfruté de las mujeres, nunca abandoné a mí compañera fiel, la jarana. Viví una vida tranquila en el campo, de trabajo. Me han dado diversos reconocimientos por mi música, he grabado discos, todos me dicen pariente donde me encuentran, me conocen en todos lados, tengo una gran familia. Dime qué más puedo pedir”, concluyó con aquella mirada fría pero que a la vez guarda las más cálidas emociones al tocar la jarana.
Ficha bibliográfica
Nombre: Elías Meléndez Nuñez
Edad: 89 años
Fecha de nacimiento: 20 de julio de 1922
Lugar: Playa Vicente, Veracruz
Padre de: Otilia, Matilde, Martin, Juan, Apolinar, Nicolás, Cristina, Gertrudis, Felipe, Sofía.
Oficio: Jaranero
Se ha presentando en: Cuernavaca, Puerto Escondido, Huatulco, Cempoala, Tantoyuca, Gutiérrez Zamora, entre otros.
“Soy gente del campo, vivo una vida tranquila solo somos mi jarana y yo”


