Miércoles, Julio 23, 2014 - 09:10

Comer buñuelos, una crujiente tradición

Durante estas fiestas de Guelaguetza se instalan en el jardín "José María Morelos", en el centro de la ciudad, a tan sólo cinco cuadras del Zócalo, los famosos puestos de buñuelos.

Se trata de una especie de tortilla muy delgada y quebradiza de más o menos 50 centímetros de diámetro. Se venden rociados o remojados de miel y se sirven en platos muy sencillos, que después de haber sido usados se rompen a la usanza indígena en recuerdo de la fiesta azteca de Atemoztli, en la que cuentan que se rompían los platos, cacerolas y ollas.

Lo anterior se hacía en espera de Dios niño, quien traía una nueva vida al amparo del amor y la felicidad. Otras versiones señalan que tal vez los buñuelos sustituyan a las figuras de maíz y hongos que se comían en la noche indígena. La costumbre perdura aunque con algunas modificaciones o deformaciones propias de la época.

Otra versión dice que los platos se rompen en recuerdo de una gran epidemia de cólera que sufrió la Ciudad de Oaxaca y que para evitar su propagación, los utensilios de los enfermos se rompían una vez recuperada la salud, como manifestación de la alegría.

"Para preparar los buñuelos se necesita harina, sal, azúcar y aceite, pero el secreto está en el modo de batir la harina", dice doña Herminia.

Los ingredientes se baten, y una vez que la masa está uniforme, sin grumos pero con consistencia, se "bolea"; es decir, se va dividiendo en "bolitas" de aproximadamente 100 gramos cada una. Luego en una charola de acero inoxidable se ponen a reposar con un poquito de mantequilla, y se les pone una bolsa de plástico arriba, para que aumenten su volumen.

Después, en una olla de barro, boca abajo y cubierta con una manta, la bola de masa se estira, y una vez adquirido el tamaño se pone a dorar. Listo el buñuelo, se rompe y se sirve en un plato, y se remoja con la miel preparada con panela, canela, anís y guayabas.

En la preparación de este delicioso postre también se utiliza, como cacerola para dorar el buñuelo, una tapa de los depósitos cilíndricos conocidos como "tambos", de 50 centímetros de diámetro, que es la medida del buñuelo; un "tambo" con cuatro patas, que ellos llaman "araña", y un quemador de estrella, para el fuego.

Las buñueleras invitaron a los turistas nacionales y extranjeros y a los oaxaqueños en general a degustar este típico platillo acompañado de un atole.

 

A ROMPER PLATOS

Los comensales no se pueden ir sin romper un plato de buñuelos, el cual antaño se estrellaba en una de las paredes laterales de la Catedral.

Estos crujientes buñuelos, remojados en miel de caña o espolvoreados con azúcar colorada, deleitan a propios y extraños que no dejan pasar la ocasión de estrellar las cazuelitas de barro contra el suelo.

 

PARA PREPARAR

Ingredientes:

* 1/2 kilo de harina

* 8 huevos

* 1 cucharada de manteca de cerdo

* 1 cucharada de polvo de hornear

* 1/2 kilo de azúcar

* 1 litro de aceite

* canela en polvo

 

Preparación:

Se hace una fuente con la harina, agregando las ocho yemas de huevo, la manteca y los polvos de hornear. Se amasa con la mano, a formar una pasta suave, agregándole un poco de agua endulzada; se sigue amasando hasta que ya no se pegue en las manos, se deja reposar media hora y luego se extiende con el rodillo para formar ruedas grandes y delgadas. Se cortan rectángulos de 10 cm. de largo por 3 cm. de ancho, se pegan con clara de huevo a formar un canelón, se fríen en el aceite muy caliente. Cuando estén dorados se escurren y se polvorean con el azúcar revuelta con la canela en polvo.

 

 

SILVIA CHAVELA RIVAS

Relacionado